Como dirían los grandes a recoger lo que quede.

Ayer vi a mi hermana llorar como una niñita. Creo que incluso estaba en peor estado que los días en que Antonio hizo sus maletas repentinas al otro barrio, y es que volvió cotidiano un vaso térmico que Antonio tenía como preferido. La única pertenencia que aguantó muchísimas noches de borrachera, en su peor estado tenía la capacidad de rescatar su vaso y lamentablemente ayer la negra hizo lo imposible ha perdido el bendito vaso, ni el cáliz eucarístico generaba tanta devoción de parte de ese muchacho.

Y ahora me pregunto? En este punto del dolor es posible que cosas materiales que sábemos desaparecerán tarde o temprano pueden tener ese poder de conexión, la ventaja de ser poco materialista es que le damos valor a las cosas que no se tocan. Pesan menos y llenan más porque son trofeos emocionales que son difíciles de perderse. La realidad de un apego es fuerte, la ausencia es muy difícil de llevar cuando nos sentimos culpables por cualquier detalle incluso por la de haber perdido un vaso. Negra quédate tranquila, donde nuestro hermano este te aseguro que lo menos que necesita es una vaina de aquí. Y no te amarres a cosas que dejo

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