Al menos 50 años resumidos a 50 bolsas de escombros, capas de pintura de muchos colores unos tras la sombra de el otro, terminaron en un maltrecho camión que se consiguió a última hora por el mejor de los precios. Paredes que acumularon recuerdos, murmullos, quebrantos y alegrías. Fueron pedazo a pedazo al ritmo del martillo cayendo con una velocidad que suena a procesos.
No es fácil para mí emprender este rumbo! Así como mis amigos Clarence padre he hijo y nuestra querida Wanda. Hoy cierran un capítulo, a mi me toca tomar las llaves de un proyecto que lleva el nombre de mi hermano en la puerta, esa palmada de estímulo a mis inventos que me decía “daaaaaale joda” la escucho cada vez que me siento frente al local. Como diría mi buen amigo Mark Robert: esta decisión está llena de un optimismo ingenuo, ha sido más fácil para mi tranquilidad tener una visión ingenua sobre mi futuro en cuanto al negocio, que pretender tener todo controlado, financieramente es un milagro, cada paso que estoy dando está más lleno de esperanza que de estabilidad financiera. Estoy tomando este nuevo reto, pensando en esa primera semana llena de inocencia cuando fundamos panabox services. Que dio paso a panabox group y que hoy es la razón de ser de la casa del aire. Esa primera semana. En qué a duras penas limpiamos unos 4 aires, me llenan del coraje que necesito para saber que este nuevo inicio no es una moneda a la suerte. Es el resultado de un camino que ha sido bastante complicado. Es la emoción sincera de saber cuánto soñamos Antonio y yo con esto, es una mirada al futuro de lo que necesito para mi retiro, es la tranquilidad de entenderse contigo mismo y tus capacidades de saber que lo logramos y que trabajar es para toda la vida. Que emprender es un mecanismo que nos mantiene en movimiento y en crecimiento. Tantos años haciendo un casting para evaluar quién sería mi socio financiero. Tantos años reuniendo dinero que quedase libre para que el primer mes del presupuesto se acabase! Y que vamos hacer? Bueno sencillamente un día a la vez, este optimismo intrigante es comparable al de un niño que se emociona al aprender a andar, sin saber que una vez que lo haga no va a detenerse, se acabó la carriola y los brazos seguros que hacían el camino más sencillo. Esto es hoy la casa del aire, bajarme de mi círculo seguro de la zona de confort y tirarme al vacío de nuevo.
Si hace 20 años hubiese sabido dónde estaría hoy, sería un mentiroso!. Por más obsesionado que resulte mi manera de estresar mi tiempo pensando por demás en todos los escenarios. Hace 20 años no tenía ni la menor idea que estaría hoy sentado. Viendo el mar desde una terraza en la bahía de Panamá. En 20 años? Si por cosas del guionista pues nos toca no estar. Recordar que en este momento, justo en este punto de decisiones interesantes. Solo tengo algo que perder! Y es el tiempo.
Quién se resuelve empresario, emprendedor sin nada que perder sólo tiene una oportunidad. Y aunque se desarrolle un temor justificado. Las herramientas que hoy están dentro de mí me hacen merecedor de una mejor confianza que una cuenta bañada en dólares para tomar decisiones. No tengo derecho a equivocarme. No puedo ni siquiera considerar la posibilidad de que algo puede salir mal. No existe ese presupuesto.
Hoy la casa del aire es una realidad!
El límite de ella, lo pondré yo. Y hoy no existe ni siquiera una proyección menor a 5 años.
Es justo! Es necesario.