Estoicismo

22/10/21

Tener algo que ningún rico tendrá

En su carta octava, Séneca le dice a Lucilio: «Al cuerpo hay que tratarlo con bastante dureza no vaya a ser que haga mucho caso al espíritu: que la comida aplaque el hambre, que la bebida apague la sed, que la ropa nos quite el frío, que nuestra casa sea una defensa contra las inclemencias del tiempo.»  En otras palabras: que comas, bebas y tengas lo suficiente, lo que necesites. No más.

Esto, que es tan fácil de decir, es muy complicado de hacer en la sociedad actual, donde se nos anima a tener más, a consumir, a comprar una televisión más grande, un coche más rápido y un smartphone con más capacidad.

Pero: ¿realmente lo necesitas? ¿en qué te beneficia tenerlo? ¿tanto dinero ganas para mantener ese estilo de vida o vives de prestado?

El otro día leí una anécdota que me recordó a la frase de Séneca:

«Un rico le contaba a un amigo suyo todo lo que podía comprar con su dinero. Coches de lujo, mansiones en lugares increíbles, viajes a países exóticos. Hasta que su amigo, con una sonrisa en la boca le dijo: pero yo tengo algo que nunca tendrás. A lo que el rico, con mirada de incredulidad, le contestó: ¿el qué? Suficiente, respondió su amigo.»

Un ejercicio muy bueno que a mí me ayuda a controlar mis impulsos es el siguiente:

Cuando se me antoja algo, en lugar de comprarlo inmediatamente, espero un mes. Si realmente me hace falta, y durante ese mes veo que me hubiera venido bien tenerlo, lo compro pasado ese mes. Te sorprendería la cantidad de veces que finalmente me ha parecido absurdo hacer esa compra. Como la de cambiar de carro viejo por carro nuevo que ya voy para más de 3 años utilizando los mismos sin cambiarlos como lo hacía antes de conocer el estoicismo.

28/10/21

Deja de perder el tiempo

Séneca, en su primera carta a Lucilio, le apremia a no perder el tiempo. Le dice, textualmente:

«Algunos momentos nos los arrebatan, otros nos los sustraen, otros se disipan. Pero la pérdida más bochornosa es la que tiene lugar por descuido. Y si quieres hacerme caso, gran parte de la vida se nos escapa obrando mal, la mayor parte sin hacer nada, la vida entera haciendo otra cosa.»

¡Qué razón lleva Séneca! ¿Cuánto tiempo de nuestra vida hemos perdido sin hacer nada? ¿Cuánto tiempo seguiremos perdiendo, aún sabiendo que nunca podremos recuperarlo?

Porque vemos la muerte como algo futuro, sin darnos cuenta que todos los años que ya hemos vivido también es tiempo muerto, tiempo que no recuperaremos jamás.

Séneca también dice que el tiempo es lo único en la vida que realmente es nuestro. Pero debemos tener el coraje de reclamarlo, porque cualquiera puede quitárnoslo. ¿Por qué cuando alguien nos da un bien material nos sentimos en deuda con él, pero cuando nos da su tiempo no? ¿Acaso ese tiempo que nos ha prestado es recuperable?

El propio Séneca reconoce saber que pierde el tiempo. Concretamente, dice: «Tal vez te preguntes, Lucilio, qué hago yo al darte estos consejos. Te lo confesaré: lo que ocurre en casa del hombre pródigo pero previsor: llevo la cuenta de mis gastos. No puedo decir que no pierda nada, pero sé lo que pierdo, por qué y cómo.»

Ahora, vamos a ver una serie de ejerciciospara que pierdas menos el tiempo:

1) Al levantarte, haz una lista de las cosas que quieres hacer ese día. Añade prioridad a cada una de ellas, enumerándolas del 1 al 3, y marca con un asterisco cuáles son las que, si las haces, sentirías que tu día ha sido provechoso. A por ellas.

2) Elimina tus distracciones. Cuando estés trabajando, deja el teléfono móvil en otra habitación. Limita el uso diario de las aplicaciones que más tiempo te hagan perder a 30 minutos por día. Verás como tu productividad sube muchísimo.

3) Monitoriza tu actividad. Cada vez que notes que te has distraído, apunta en una libreta que lo has hecho y cuánto tiempo aproximadamente. Hazlo durante un par de semanas junto con los dos ejercicios anteriores y ya verás como cada día te distraes un poquito menos.

20/10/21

Valora lo que tienes

En la Carta IX de las maravillosas Cartas a Lucilio, Séneca habla, entre muchas otras cosas, pues es una carta bastante larga, de que debemos valorar lo que tenemos.

Para ser más exactos, dice: «No es dichoso quien no cree serlo. ¿Qué importa realmente cuál sea tu situación, si a ti te parece mala?»

Si siempre quieres más, nunca te será suficiente con lo que tienes. Si crees que el próximo aumento de sueldo te hará más feliz, es muy posible que te equivoques. ¿Sabes por qué? Porque gastarás más, y antes de lo que piensas estarás en la misma situación.

Los seres humanos estamos hechos para perseguir sueños y objetivos, y no es culpa nuestra, sino de la dopamina.

Y es que, al contrario de lo que pensamos, la dopamina no produce placer, sino deseo o, para ser más preciso, anticipación. Se dispara ante la posibilidad de algo nuevo: una nueva dieta que por fin te funcionará, una nueva pareja que te querrá más que nadie o un nuevo coche que te hará ser la envidia de todos tus amigos. Pero cuando la novedad desaparece, el futuro se convierte en el presente, y la dopamina se desactiva.

Es entonces cuando querrás cambiar de pareja, coche, casa, o trabajo. Bucle que no terminará nunca a no ser que le pongas remedio.

¿Cómo? Con una técnica llamada visualización negativa.

La visualización negativa es muy útil para valorar lo que tienes porque justo vas a imaginarte que lo pierdes.

Siéntate 5 minutos cada día tranquilamente, con los ojos cerrados, y asegúrate que no te molesten. Ahora, imagina, por ejemplo, que tu pareja se va a trabajar y, al rato, te llaman diciendo que ha fallecido en un accidente de tráfico. Imagina cómo reaccionarías. Sé que es macabro, pero puede pasar perfectamente.

Das por sentado que siempre vas a poder andar o ver perfectamente, ¿verdad? Esto no hace falta que lo imagines. Cierra los ojos e intenta levantarte, caminar por tu casa, intentar llegar a otra habitación, ponerte al lado de la ventana y no ver nada, etc. ¿No crees que ha llegado el momento de dar las gracias por poder ver perfectamente?

Ya lo dijo Epicteto: «Cuando beses a tus hijo por la noche, recuerda que podrías no despertar.»

01/11/21

Por encima de todo, vive en el momento presente

Marco Aurelio, en sus «Meditaciones», se recuerda muy a menudo vivir en el momento presente, sin preocuparse demasiado por el pasado o por el futuro. Concretamente, en uno de sus pasajes, dice:

«Recuerda que cada uno vive exclusivamente el presente, el instante fugaz. Lo restante, o se ha vivido o es incierto.»

Y es que casi nunca nos damos cuenta que el único momento en el que vivimos de verdad, es en el escurridizo momento presente, durante toda nuestra vida. De hecho, el propio Séneca también dice que el pasado y el futuro son tiempos muertos.

Los mayores momentos de felicidad que recuerdo en mi vida ocurrieron cuando me centré en mis sensaciones corporales y en lo que tenía alrededor de forma consciente, sin pensar en nada más.

Percibimos el mundo gracias a nuestros sentidos y, no sé tú, pero cada vez que intento estar presente, me doy cuenta que los tengo muy desentrenados.

Algunas ideas o ejercicios que a mí me sirven para utilizar los sentidos conscientemente son los siguientes:

1) Apartar un momento de mi día para escuchar una canción, intentando identificar cada instrumento. Pruébalo con alguna canción que conozcas bien y verás como la experiencia es totalmente distinta.

También te recomiendo que, cuando puedas, pruebes a escuchar el silencio. Verás como siempre encuentras ruidos que no habrías escuchado de otro modo.

2) Cómete algo muy despacio e intenta saborearlo al máximo. Uno de mis grandes retos es comer más despacio, porque más que comer, engullo. Y lo cierto es que siempre que hago este ejercicio disfruto más de la comida. Observa el alimento, prueba un bocado pequeño, intenta sacar todos los matices del sabor, y cómete el resto. No hace falta que hagas esto durante toda la comida porque puedes tardar dos horas, pero te servirá para ser más consciente de lo maravilloso que es el simple acto de comer.

3) Observa lo que te rodea con toda tu atención. Apuesto a que estás en el salón de tu casa y no te has dado cuenta de la mitad de las cosas que hay allí. Cuadros, libros, objetos de decoración. Los vemos, pero nunca los miramos.

Haz lo mismo en un paisaje cotidiano o en el campo. Seguro que descubres cosas que no te habías dado cuenta que existían.

4) Cierra los ojos, e intenta sentir tu cuerpo. Empieza por la coronilla y acaba por los dedos de los pies. No se a ti, pero a mí me reinicia el sistema cada vez que hago este ejercicio, porque me paro en lugares que nunca recuerdo que tengo, como los párpados o el paladar. Intenta relajar cada músculo de tu cuerpo, siendo consciente de la suerte que tienes por poder sentirlos.

Espero que estos ejercicios te sean útiles para vivir más en el momento presente.

2/11/21

Un día te morirás

«Un día te morirás, pero todos los demás no».

Esta frase no es de ningún autor estoico, sino de una viñeta de Snoopy, pero me ha parecido muy relevante, y creo que expresa perfectamente el concepto estoico de Memento Mori, expresión latina que significa «recuerda que morirás».

Sin embargo, quería compartir contigo unas frases que he encontrado leyendo el libro «Biografía del Silencio», de Pablo D’Ors, que trata precisamente sobre la vida y la muerte.

Y es que, como dice Séneca, no debemos tener miedo de incorporar ideas de otros autores o doctrinas, siempre y cuando nos ayuden a vivir una vida mejor, que es para lo que estamos aquí. El propio Séneca tomaba muchas de sus ideas de Epicuro.

Dice el fragmento de Pablo D’Ors:

«Buscamos trabajos que nos aseguren, matrimonios que nos aseguren, ideas firmes y claras, partidos conservadores, ritos que nos devuelvan una impresión de continuidad…buscamos viviendas protegidas, sistemas sanitarios bien cubiertos, inversiones de mínimo riesgo, ir sobre seguro…Y es así como el río de nuestra vida va encontrando obstáculos en su curso, hasta que un día, sin previo aviso, deja de fluir. Vivimos, sí. Pero muy a menudo estamos muertos. Nos hemos sobrevivido a nosotros mismos: hay biología, pero no biografía».

Lo único seguro en esta vida es que nos vamos a morir. Hagamos que cada día valga la pena.

3/11/21

Quizás sea la última vez

Entre otras muchas cosas, ahora pienso sobre el ejercicio de imaginar que todo lo que haces lo haces por última vez.

Hay lecciones que se aprenden caro, y la nuestra a costado mucho lo extraño de todo esto es que si existió una última vez para todos los es emersión rutinarios y tocó hacer recuerdos eternos de cotidianidades. No hubo tiempo de despedirse no hubo tiempo de nada y todo el amor quedó en el aire flotando, soltarte no puedo porque eres parte de mi y dejarte ir es quedar incompleto no puedo con la fábula de creer que seguir queriéndote te mantenga atado a este plano, si nunca fuiste de aquí como te atrapamos en espíritu libre cuando ni amarrando tu cuerpo pudimos?

Nunca sabremos cuando puede ser la última vez que hagamos algo o que estemos con alguien. Parece una frase hecha, una frase tonta de Mr. Wonderful, pero en mis propias carnes estoy viviendo que es bien cierta. Si se ha muerto recientemente un familiar o un conocido querido, sabes bien de qué estoy hablando

Cuando vayamos a cenar, comer, o pasear con alguien, o a compartir un momento de celebración, dejemos las malditas pantallas a un lado. Imaginemos que es la última vez que estamos con esa persona, porque bien podría serlo. Si supiésemos a ciencia cierta que lo es, ¿de verdad no le daríamos toda nuestra atención y todo nuestro cariño?

Aprovechemos el tiempo. La vida se va. La muerte se acerca.

Memento Mori.